
Por todo lo anterior diciembre es un mes de caza mayor. Fincas punteras dan sus manchas con garantías de que las reses estén dentro. Las rehalas están mucho más “trabajadas” y eso se nota en la forma de batir el monte. Los calores de las primeras monterías dan paso a la lluvia, el frío y la niebla. Los arroyos vuelven a mostrar sus sonoros cantos, corriendo el agua, fruto de vida, con su tintineo particular. La inconstancia de las fincas abiertas de octubre y noviembre, dan paso a la seguridad de las fincas cerradas de diciembre, o simplemente aprovechar las soleadas querencias, por las frías umbrías de las fincas.

Estas “tareas” son muy importantes para dejar a los reclamos en inmejorables condiciones, sobretodo para los que no nos gusta mover a los pájaros de jaula en plena temporada, por lo que debemos prestar toda la atención debida en estos menesteres.

Pero este año, por distintos motivos, he tenido que realizar la tarea yo solo. Mi padre ya no está con nosotros, pero mis hijos también tenían otros quehaceres “más importantes”. Por primera vez en muchos años me he encontrado solo y he mantenido mis conversaciones con los pájaros, algunos me miraban como extrañados y otros, los viejos, comprendiéndome. Incluso le he roto un ala a uno de los que más ilusiones le tengo puestas. Pero en fin, ya están todos en sus jaulas y esperando que cambien el tiempo para solearlos, que vayan cogiendo ese color característico y que se puedan mostrar orgullosos en sus jaulas. Las sayuelas, el puesto, el pincho y el resto de artilugios los prepararemos otro día.
La cola
Simetría de alas
Recorte ala izquierda